jueves, 19 de abril de 2018

TARDE Y DEPRISA

No seas impaciente en exceso ni demasiado apacible, ¿de acuerdo? Aún nos queda algo de tiempo, así que ve para allá, pídele perdón y confiésale toda la verdad, que sabrá ser clemente, o tal vez se muestre glacial, quién sabe. Te devolverá rencor o tal vez una sonrisa. Pero ese gesto suyo será el último que te lleves. De modo que ve para allá… ¡Ah, y no tardes mucho! Ese meteorito empieza a preocuparme.

jueves, 12 de abril de 2018

LA LECHE QUE TE HAN DADO

Era nuestro sueño desde chavales, tal vez modesto,
pero eran otros tiempos. Poco importaba si de comida teníamos acelgas, pues la recompensa del postre bastaba para resistir a las repugnantes verduras y a la monótona cocina familiar. ¡Quién hubiera imaginado entonces que aquellos "petisuís" eran yogur y no queso! ¡Ay, la leche! Aquel misterioso nombre escondía tantas mentiras…

sábado, 7 de abril de 2018

100.000 VISITAS

Con motivo de la cercana aproximación a la mágica cifra de 100.000 visitas, se propone el siguiente concurso:
  • Objetivo: Capturar la imagen de 99.999, 100.000 o 100.001 en el contador del blog.
  • Procedimiento: Enviarla a través de Facebook por privado con dirección postal.
  • Premio: Un ejemplar de "Herederos y conquistadores" firmado por el autor para la primera y única persona que consiga una de las tres capturas.
¡ADELANTE!

jueves, 5 de abril de 2018

¡BARATO, AMIGO!

Nos enviaban de una patada a las duras calles con la
única consigna de no regresar al almacén hasta que no hubiéramos vendido el último disco, la última camiseta o, en días lluviosos, el último paraguas, y con ese desprecio pensaban aquellos déspotas que seríamos más dóciles, más temerosos, más manejables. Pero no, los nuestros, allá en las cálidas llanuras, nunca fueron rencorosos, ni vengativos, ni mucho menos crueles con los abusos de los mediocres. Aunque acabamos de manteros aquí en las aceras, en nuestra familia de reyes siempre imperó la compasión hacia el fracasado.

miércoles, 4 de abril de 2018

EL ARROZ DEL DOMINGO


El arroz en aquella familia llevaba muchos ingredientes,
y todos tenían su sitio en la cazuela, así como a cada uno de los invitados le tocaba una cucharada muy determinada: a unos la parte más brillante del centro, a otros los pedazos de carne y a alguno la parte quemada que se encuentra en el fondo tras escarbar con insistencia. De todas maneras, antes de empezar a saborearlo convenía soplar bien o esperar a que se enfriara, pues no era recomendable tragarlo de golpe.
Como cada semana desde hacía muchos años, ya demasiados para algunos, el arroz del domingo era la cita obligada, una tradición familiar que, por suerte para otros, acabaría con la muerte del cascarrabias que los convocaba, el maldito viejo, como lo llamaban casi todos. Pero allí acudían sin falta, incluso a regañadientes, amansados por el arroz con el que obsequiaba a sus familiares el odiado vejestorio cuya herencia era tan codiciada como inaccesible. Sin demasiada ceremonia entraban todos juntos: el primogénito, soltero y apocado, las dos hijas, casadas y aburridas con sus no menos tediosos maridos, y los dos nietos, los únicos que mostraban un cariño sincero por el viejo.
— ¡Dejaos de besos y sentaos, que el arroz no espera!
Si los familiares eran falsos y esquivos con el viejo, también era mérito suyo, y él lo sabía, pero le encantaba mortificar a sus hijos delante de sus respectivas familias, nietos incluidos. Invitarlos era para él una suerte de tortura a la que sometía a los suyos en pago por quién sabe qué antigua rencilla.
Aquel soleado domingo, el primero tras un invierno más largo que de costumbre, el viejo insistió en que sirvieran la comida en el salón, lejos de la luz del jardín que tanto apetecía, y mandó que los niños se sentaran también con los mayores, cosa inusual. ¡Qué estaría tramando! Pues así empezó la comida, como siempre, retorciendo con sus manías aquella calidez primaveral recién estrenada.
Apenas acabaron de servir la primera ronda —el arroz era plato único, aunque abundante, eso sí—, el viejo golpeó la copa con el cuchillo y todos dejaron de comer, se limpiaron con la servilleta y lo miraron expectantes. A ver qué se le había ocurrido ahora al carcamal.
— He tomado algunas decisiones últimamente con respecto al futuro de la familia…
Nadie podía imaginar qué decisiones, pero mientras unos se frotaban las manos, otros se las echaban a la cabeza. Todo era posible tratándose del viejo, al que habría que inhabilitar, en opinión de la mayoría, o desahuciar, según el resto.
— Tras la muerte de vuestra madre, que tan solo me dejó, porque vosotros ya habíais dejado el nido, no he tenido más compañía que médicos y mayordomos, y eso no es conveniente para un hombre, así que he decidido pedirle matrimonio a la persona que más se ha ocupado de mí en estos años.
Los que antes se llevaban las manos a la cabeza ahora querrían echar mano de un cuchillo, y los demás también, lo que por primera vez creaba la unanimidad en esa familia. Las caras de las dos criadas exhibían por un lado sorpresa por lo escuchado, pues ni ellas se lo esperaban, aunque también se podían adivinar gestos de desconocimiento y disculpa, ya que no querían ser acuchilladas en el menor descuido. «A nosotras no nos lo pidió, lo juramos», parecían exclamar las dos empleadas ante los irritados hijos del amo. Y entre aquel revuelo, infrecuente pese a todo, los niños seguían comiendo arroz, ajenos al sísmico anuncio del abuelo, pero pronto intervino el patriarca para que le prestaran atención.
— ¿Qué os parecería si el abuelito se casara de nuevo?
Si los dos nietos parecieron mostrar una cierta alegría ante la idea de una nueva abuelita, los hijos no pudieron ocultar su enfado y su decepción, pero los anodinos yernos fueron más allá y se atrevieron a resoplar con furia, lo que ni siquiera alteró al abuelo, que esperaba una respuesta de los pequeñines.
— ¿Qué me decís vosotros?
Intuyendo la gravedad de la situación, los niños miraban hacia todos los que pudieran explicarles por qué una abuelita nueva no era una buena noticia, por qué iban ellos a renunciar a más regalos y atenciones. A falta de una respuesta, lo que se oyó fue una silla que arañaba el suelo empujada por el hijo mayor que trataba de mostrar autoridad poniéndose de pie sin mucho aplomo.
— ¡Papá, por favor! No sabes lo que…
El gesto del viejo bastó para interrumpir la frase apenas iniciada, y de nuevo reinó el silencio que necesitaba para anunciar cuál había sido la tierna y encendida elección de su corazón.
— Cuando uno pasa tanto tiempo solo, sin nadie que lo visite o lo llame por teléfono; cuando uno recibe a más cuidadores o comerciales durante la semana que a familiares, que vienen obligados; cuando uno solamente tiene contacto humano tumbado en la camilla al recibir masajes en la espalda, entonces piensa en lo que de veras necesita. Así fue como llegué a intimar con mi terapeuta.
— ¿Qué? —gritaron todos, salvo los niños, que, desconcertados por aquella palabra incomprensible y ofensiva, guardaron silencio.
En la cabeza de todos se iban despejando dudas sobre la identidad de aquella media naranja podrida, pero también aparecían nuevas preguntas, ya que las opciones se limitaban a dos: el quiropráctico o la osteópata, y en ambos casos la respuesta era traumática. ¿Estaría saliendo del armario a sus años o no quería más que gastarles una de esas bromas tan inapropiadas? Descartando lo primero pero sin suprimir lo segundo, todo indicaba que la candidata sería la joven y atlética fisio, pese a que con ella no jugaba al ajedrez, su gran pasión, aunque seguramente ella lo habría puesto en jaque con sus hábiles manos. Pero nunca se sabía.
— Tras pedirles consejo a varios amigos, decidí que no quería pasar solo el resto de mi vida, que mientras tuviera fuerzas, y vaya si las tengo, quería usar mi vigor en algo más que el ajedrez, así que le pedí la mano a Karen. ¿Qué os parece? Ellos aplaudieron mi decisión.
Los amigos del padre, aquellos viejos verdes, pensaron todos, lo que querían era babear con la nueva esposa de su cegado compadre, por eso le dieron el visto bueno a aquella decisión, con la esperanza de adornar su vejez con los bellos piropos que la joven les dedicaba.
Dos sillas más fueron arrastradas hacia atrás, y esta vez con mayor solvencia, o al menos con más ruido.
— Pero si es extranjera —dijo la hija menor.
— Pero si es mulata —dijo la hija mediana.
— Pero si podría ser tu hija —dijo el hijo mayor.
La joven Karen, de cuya competencia profesional nadie dudaba, se convertiría en la nueva matriarca de aquella familia, y eso sí que no, o al menos así lo creían los hijos, que poco a poco elevaban el tono de voz apoyados por sus cónyuges, que permanecían sentados.
— No os estaba pidiendo opinión —retomó el discurso el abuelo—, pero ya que la expresáis, os diré que ni su procedencia ni su piel me importan, en cambio sobre el hecho de que pueda ser mi hija, que no lo es, me parece una queja muy impertinente, sobre todo viniendo de un hombre soltero y sin hijos conocidos que, no hace mucho, aún seguía manteniendo una relación incestuosa con su hermana.
El helador silencio de la sala permitía escuchar la respiración ofuscada de todos e incluso su pulso acelerado.
— Pero tranquilos, solamente uno de los tres lleva mi sangre, los demás sois adoptados. Lo que no sé es si vuestra madre os lo dijo antes de morir para no preocuparos por aquella vergonzosa relación en caso de que nacieran criaturas que serían a la vez hijos y sobrinos…
Como cada semana, el arroz del domingo era la ocasión para reunir a todos en torno a la mesa familiar. En aquella mesa, de la que nadie podía levantarse tras el anuncio, y de la que todos querían huir por lo mismo, se recobraba la atmósfera de todos los domingos. El abuelo, mientras su familia cruzaba miradas de incomprensión y de desprecio, raspaba el fondo de la cazuela buscando la parte más quemada, su preferida.
— A mí me lo ha prohibido vuestra nueva mamá…, pero ¿alguien quiere repetir arroz?
Enlace a Espacioulises

viernes, 30 de marzo de 2018

SIGNEZ ICI

Ils s'arrangeraient plus tard pour payer leurs factures les plus pressantes et pour faire face à la prévisible saisie judiciaire.
-Signez, s’il vous plaît, là, là et là -dit soulagé ce type en nage.
Même pénible, la demande de prêt d’argent aux parents et aux amis ne serait peut-être pas plus forte que le sourire de ce prêteur à la voix chaude et aux chaussures à pointe fine, qui respirait avec soulagement, tout en ne pouvant pas cesser de regarder avec envie les alliances portées au doigt par ses clients.

Traduit de l'espagnol par MJ Pastre

jueves, 29 de marzo de 2018

CIFRAS Y LETRAS

Pesaban muy poco pero aplastaban sueños, y lo hacían de manera irreversible aunque sutil, imperceptible a la vez que definitiva. Sí, y así desde siempre.
˗¿Qué has sacado? ˗preguntó mientras mordía su bocadillo de salchichón.
˗Bah, me falta una décima.
˗Vaya, pero si tú sabes hasta latín.
El primero continuaría con la tradición familiar en la charcutería y el segundo, aunque por muy poco, sería un latinista más que no alcanzaría su meta de ser astronauta.

sábado, 17 de marzo de 2018

QUIETUD

En los barrios altos, con la misma elegancia que preside
sus calles y balcones, las criadas, imitando el ostentoso donaire de sus señoras, sacuden los manteles por la ventana y los agitan al viento con una inusual quietud, y las migas caen plácidamente sobre las aceras como copos de nieve, y los pajaritos picotean esos esponjosos restos con los que alimentan a sus polluelos, que crecerán fuertes y sanos, dejarán el nido y formarán sus propias familias en las ramas más altas de los árboles más resistentes. Los barrios altos tienen esa sutil delicadeza para con el orden natural de las cosas.

jueves, 15 de marzo de 2018

FIRME AQUÍ


Ya se las apañarían para pagar las facturas más delante y para
hacer frente al previsible embargo.
-Firmen aquí, aquí y aquí, por favor, dijo aliviado aquel tipo sudoroso.
Ni siquiera el apuro de pedir dinero prestado a familiares y amigos sería tan fuerte como la sonrisa de aquel prestamista de voz cálida y zapatos de puntera fina, que respiraba aliviado y no podía dejar de mirar con codicia las alianzas que llevaban en el dedo sus clientes.

viernes, 9 de marzo de 2018

GEMELOS

Salieron juntos cogidos de la mano tras la explosión, y como si
ya presintieran la catástrofe, sin llorar, sin siquiera mirar a su madre muerta, a la matrona muerta, a todos muertos, se despojaron del cordón umbilical y se pusieron a disfrutar del primer y último día de sus vidas.

miércoles, 28 de febrero de 2018

REÚMA


Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y, con
los huesos doloridos por la humedad invernal y sobre todo por la inusual postura, decidió escapar de aquel infierno. Tardó en acostumbrarse a su renovada libertad, pero una vez en pie, pensó que ya iría acostumbrándose.
Vio una copa sobre lo que parecía ser la barra de un bar, echó un trago, salió a la calle y, aunque llovía, no le importó caminar sobre los charcos, que se abrían a su paso, como la gente que, incrédula o temerosa, se apartaba de su camino. Confuso y sin apenas ropa bajo la llovizna, decidió regresar, no fuera a morirse de frío.

LA SEGUNDA VENIDA


Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y el
cuerpo le pedía un poco de alegría, de modo que, aprovechando un descuido de sus fieles custodios, bajó a tierra, comenzó a caminar siguiendo las luces de una avenida. Entró en un callejón en cuyo fondo parecía haber una puerta entreabierta.
-Buenas noches, un vino.
-¡Ssssss! No vuelva a decir esa palabra en voz alta, hace siglos que está prohibido.
-¿Prohibido?
-Sí, todo está prohibido últimamente.
Al cabo de un rato, el dueño del local volvió con un vaso de tinto.
-Tenga, pero si le preguntan, no me conoce. Y usted para mí no existe.